Se incendian las tierras productivas de Sudamérica: «acá en Córdoba, les gusta mucho tener countrys y sembrar»

Por Leandro Moreno


La simple contemplación del «mapa del fuego» -que demuestra cómo buena parte de las tierras más productivas del subcontinente se vuelven cenizas- apela inevitable a la racionalidad, y multa con el cargo de irrisoria y estúpida a la idea de la «causa natural». Es que ¿es acaso posible?: la respuesta y las reflexión sobre esto no tienen sentido.

Focos de incendio registrados

En todo el país (en todo el mundo) surgen movimientos ciudadanos para advertir los peligros exponenciales del Nuevo Orden: mega-emprendimientos agro-ganaderos ecosidas, antenas 5G, desarrollos inmobiliarios descomunales, depredación megaminera, biopoder a ultranzas, caos y miedo como herramienta de gestión, gobiernos nación como mano de obra barata y ejecutora de la tela encargada por la Gran Araña: la Sociedad Anónima coporativa.

Y la necesidad de un relato que neutralice lo contra-hegemónico en el «pintoresco», y de paso justifique las existencia de funcionarios públicos tan de cartón que rozan la ridícula hijaputez (póngase por caso la figura del ministro de Ambiente que se les plazca):

«Teorías conspiracionistas de zurdos-derechistas-pro-golpe-de-estado, opiniones doñarosistas de baja estofa»: resumen del contradiscurso enarbolado por los contestadores automáticos de discurso oficial.

Sin embargo, donde el ignorante supuso cáncer, se fumigó a la población; donde el exagerado supuso inundaciones, se construyó sobre el humedal; donde el nativo pidió por su montaña, se le armó un ejército en su contra para cuidar la petrolera, o por caso la minera.

Entre tantos botones, sobran muestras que delatan la recurrencia veraz de las hipótesis del anónimo, las sospechas certeras de los que le ven la cara a las llamas, y saben que tarde temprano van a perderlo todo: «el incendio todavía está en Capilla pero ya en el pueblo no podemos respirar», comenta Titina de Villa Giardino, Córdoba: «estos incendios son intencionales, acá les gusta mucho tener countrys o sembrar… ya se sabrá qué es lo que está pasando», dice mientras sobrevive con lo que le queda de esperanza y enseña la foto de un burro (o lo que queda de él), que le es tan propio y real, como las mismas sierras que ve arder.

«Cómo no voy a sentirme mal y luchar para que no sufran» – Titina Romero – Villa Giardino – Córdoba
Reproducir testimonio

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